Ciencia aplicada o ciencia básica

Noticia UDLA

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El presidente Rafael Correa, en su pasado enlace ciudadano, hizo algunas precisiones sobre la situación de la ciencia ecuatoriana. Es innegable la gestión positiva del Gobierno en esta materia: los programas de becas para formar el talento humano no tienen precedentes; el apoyo y la reforma de los Institutos de Investigación Públicos, al fin serán realidad; la creación de la Ciudad del Conocimiento y la calificación de Universidades, son, junto a otras, acciones claves.

Como investigador en Genética, debo puntualizar que sin ciencia básica no hay ciencia aplicada. Si no investigamos lo básico, ¿qué, entonces, aplicaremos? Un buen ejemplo es el cáncer, enfermedad muy estudiada, pero aun sin cura definitiva. El origen del cáncer está en genes mutados (ciencia básica); se pensaba que cambiaban 2 genes de los 22 mil de una persona, y se han producido solo dos fármacos que bloquean las proteínas alteradas de esos genes (ciencia aplicada). Desafortunadamente, los estudios moleculares demuestran que existen interacciones de genes, entre 6 a 70, que explican la complejidad del cáncer (ciencia básica), sin que en los últimos 20 años se haya preparado otro fármaco genético adecuado (ciencia aplicada). Otro ejemplo: Sería absurdo investigar la desnutrición con ciencia aplicada, porque sabemos de antemano que la equidad en el acceso y consumo de alimentos la resolverá; pero podemos hacer ciencia básica investigando los problemas de inmunidad de los desnutridos.

El dilema entre ciencia aplicada y ciencia básica es viejo. Lo que ha ocurrido en la historia científica es que los fondos públicos se destinaban a la ciencia básica en universidades e institutos, y los fondos privados, a la ciencia aplicada rentable. El proyecto Genoma Humano que secuenció todo el ADN, demostró que gracias a la cooperación entre el sector público y privado, la investigación se redujo a 3 años, de los 5 previstos. Asociaciones similares reorientan la visión de lo aplicado y lo básico, y ocurre normalmente que lo básico desemboca, tarde o temprano, en lo aplicado. L. Pasteur dijo: “No existe una categoría en la ciencia a la que se le pueda dar el nombre de ciencia aplicada. Existen la ciencia y las aplicaciones de la ciencia, unidas entre sí como el fruto al árbol que lo lleva”.

El riesgo de privarnos de la investigación básica es seguir dependiendo o siendo colonias del conocimiento, porque solo consumiremos lo que otros descubran. Como país, no deberíamos sobrestimular lo aplicado, necesario en un país que va desarrollándose, abandonando lo básico que nos dará independencia.

Autor: César Paz-y-Miño

Fuente: www.telegrafo.com.ec