Noche de la Tierra

César Paz y Miño

César Paz y Miño

Compartimos el artículo de Diario El Telégrafo en el que César Paz y Miño, Decano del Instituto de Investigaciones Biomédicas, habla sobre la noche de la tierra.
Mira la noticia publicada aquí.

El 22 de abril se conmemoró el Día de la Tierra en homenaje a nuestro planeta y como un llamado de atención sobre los grandes problemas que enfrenta, entre estos: el calentamiento global que trae consecuencias a todo nivel, la contaminación de mares y agua dulce, la emisión de gases tóxicos, la producción de basura, diseminación de pesticidas y químicos, enfermedades nuevas o agresivas, minería contaminante, explotación petrolera mal planificada, deforestación, desertificación, deshielos de glaciares, desaparición y exterminio de especies…

Pero en la Tierra se mantiene un denominador común relacionado a la codicia y al poder. Y probablemente son justo estos dos factores los que han generado problemas extras que la están llevando a una debacle.

El reparto de la tierra es demasiado injusto: el 3% de la población mundial es dueña del 70%. Existen 100 millones de personas en hambruna, 51 millones de desempleados. Se cuenta en 78 millones el aumento anual de la población, pero los servicios no crecen de manera igual. La mortalidad infantil sigue en altos índices, las enfermedades infecciosas cobran miles de víctimas en los países pobres. Hay más muertes en el mundo por hambre que por guerras.

Los crímenes por el dinero provocan violencia, migraciones, invasiones, manipulaciones políticas, trata de personas, drogadicción, control de la producción agrícola, saqueo de recursos naturales, biopiratería, contaminación ambiental impune, radioactividad accidental o planificada, tráfico de armas. Solo en Siria hay 300 mil muertos por una guerra donde se utilizan armas fabricadas por quienes las venden inmoralmente a los dos bandos. La guerra de Angola cuenta un millón de muertos, al igual que la de Irak. La basura tecnológica del mundo es enviada a Ghana, Bangladesh y Pakistán y sus habitantes mueren por los efectos nocivos.

Si los ricos dejaran de ganar solo un 4% y lo trasladaran a los programas sociales, se solucionaría la salud y el hambre del planeta. Mientras se inyectan 250 mil millones de dólares para la liquidez de los ricos, con 50 mil millones se remediarían los problemas planetarios. El 1% del PIB mundial podría salvar las especies en peligro de extinción.

Frente a este panorama no hay un plan B, aparte del compromiso de los países para parar el uso inconsciente del planeta, el abuso de la naturaleza y su saqueo. Solo la alianza para la sostenibilidad de la extracción de recursos, el control de la natalidad, el reparto equitativo, podrán parar la hecatombe climática, ecológica y poblacional. ¡Infortunada noche de la Tierra! (O)