SAMAYBOT, el pasaporte a un reconocimiento internacional

Foto Cortesía Mundo-Udla

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Samaybot, el robot diseñado por cuatro estudiantes y un docente de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Agropecuarias, ganó el tercer lugar en el concurso Laureate Award for Excellence in Robotics Engineering. Su nombre es la combinación entre la palabra robot y la palabra quichua samay, que significa aire. La premisa del concurso era diseñar un robot para realizar mediciones de la calidad del aire. David Pozo, docente de la carrera de Ingeniería en Electrónica y Redes de Información -designado por el director de la carrera, Ángel Jaramillo, para guiar a los estudiantes-, dice que se basaron en la problemática de contaminación que se vive en Quito para determinar la funcionalidad de Samaybot.

Para ello, evaluaron la presencia de cuatro compuestos químicos en el aire (dióxido de azufre, dióxido de nitrógeno, monóxido de carbono y ozono troposférico). En base a estos resultados, determinaron los efectos de la contaminación en la salud. Silviu Stroe, estudiante de cuarto semestre de Ingeniería en Sistemas de Computación e Informática, diseñó la estructura y la parte mecánica del robot con impresoras 3D y cortadoras láser. Los encargados de las conexiones electrónicas y del movimiento de los motores fueron Santiago Molina y Santiago Solórzano, de noveno semestre de Ingeniería en Electrónica y Redes de información.

Para completar el equipo contaron con Miguel Quishpe, estudiante de séptimo semestre de Ingeniería Ambiental en Prevención y Remediación, encargado de evaluar los compuestos contaminantes del aire y de establecer los parámetros para que Samaybot realizara las mediciones. El proceso del concurso inició en noviembre del 2014. Presentaron un paper académico con la propuesta del robot. La siguiente etapa fue el diseño, con alrededor de 40 participantes, y la tercera, la construcción de Samayboy, con 6 finalistas. El reto para los estudiantes en esta fase fue ajustarse al tiempo. Disponían de tres meses para ensamblar el robot; sin embargo, las piezas eran importadas y tardaron aproximadamente dos meses en llegar.

“Lo más gratificante fue que trabajamos con las mismas plataformas tecnológicas con las que trabajan otros países, como Brasil, México, Turquía, España e India que fueron los otros finalistas”, comenta Santiago Solórzano. “Nuestro siguiente reto es incentivar a nuestros compañeros, porque este fue el inicio del Club de Electrónica y Comunicaciones y que sepan que tenemos el respaldo de la universidad”, dice Miguel Quispe.

Redacción Mundo-Udla