Edición de genes y conflictos éticos

genética

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Compartimos el artículo de Diario El Telégrafo en el que César Paz y Miño, Decano del Instituto de Investigaciones Biomédicas, habla sobre la edición de genes.
Mira la publicación aquí.

La llamada técnica CRISPR/Cas9 es el descubrimiento más importante de los últimos tiempos en bioingeniería y genética. Esta técnica se basa en lo que las bacterias hacen de manera natural, esto es, reparar daños de la estructura o lectura de sus genes. Para ello usan una serie de tijeras químicas (enzimas) que ubican el daño, lo eliminan y reemplazan por un ADN nuevo.

Este mismo principio se ha perfeccionado en los laboratorios de investigación y hoy se cuenta con todo un aparataje ultramolecular que permite editar genes, modificarlos, borrar o reemplazar genes de enfermedades de todas las especies, abriendo la puerta a la edición de ADN humano, al diseño de hijos a la medida, a revivir especies extintas o crear bichos modificados.

Con este sistema de edición del lenguaje de la vida, ya se ha logrado editar la información alterada de células humanas en un tipo especial de anemia (drepanocítica) que protege de la malaria, así como la distrofia muscular de ratones, el gen de la catarata ocular, se han podido modificar las células de la fibrosis quística, se han transformado receptores de células para resistir a la infección por virus HIV y se ha logrado mezclar ADN de mamut con elefante. La técnica de edición de genes trae intensas discusiones éticas, algo similar a lo que ocurrió en 1970 en Asilomar-EE.UU. con las técnicas de genética molecular, que entraron a un año de moratoria hasta comprobar que no eran peligrosas. Ahora el CRISPR/Cas9 provoca los mismos recelos y los científicos de Estados Unidos, Reino Unido y China, reunidos en Washington, piden una moratoria, ya que se podría aplicar la técnica para manipular embriones, óvulos, espermatozoides, o crear armas biológicas esculpiendo el ADN de bacterias o virus.

En caso de que se editen genes, la discusión ética viene también al preguntarse qué enfermedad es calificable para ser tratada o qué individuo, o a quién se autorizará usar esta técnica para terapias.

La preocupación por el uso de la técnica de edición de genes desborda hacia la política. Hay países de economías fuertes que postulan que solo ellos deberían manejar la técnica y que se la prohíba a otros países, más aún a los peligrosos. ¿Quién calificará a los países? Atrás de estos postulados se esconden intereses de mercado, capital y poder científico-tecnológico. Ecuador debería apuntar a esta tecnología que nos permitirá a futuro entrar en la terapia genética moderna y no quedarnos rezagados ante la posibilidad de edición de genes como técnica prometedora de cura. (O)