Ciencia o Dios

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Compartimos el artículo de Diario El Telégrafo en el que César Paz y Miño, Decano del Instituto de Investigaciones Biomédicas, habla sobre Ciencia o Dios.

Apasionadas disputas se han producido en la humanidad en todos los tiempos al tratar de explicar el mundo, la vida y sus fenómenos. Se lo ha hecho con pruebas científicas o con explicaciones míticas. Los científicos han pretendido hacer prevalecer sus aciertos a fuerza de la razón; los religiosos, imponiendo el dogma.

La dualidad ciencia o Dios, racionalismo o fe, llama la atención de los genetistas. Algunos estudios muestran una asociación importante del comportamiento religioso con genes específicos. Se plantea que existe el gen de la fe y la afición por lo místico, así como la neurobiología asocia zonas cerebrales concretas que funcionan o no, según la orientación personal.

Recientes estudios muestran que la empatía por la fe estaría determinada por genes y que la sensación de bienestar de lo místico enciende porciones cerebrales, mientras que el pensamiento analítico y racional despierta otras zonas anulando las místicas. Según la experiencia del individuo, una u otra zona cerebral puede activarse alternativamente. Enfermos de autismo o esquizofrenia entrelazan las dos zonas cerebrales, mientras que personas intelectuales anulan la zona mística. Parece que ambas funciones cerebrales pueden mantenerse activas en una misma persona, más aún frente al dilema de la fe o la ciencia.

Solo 10% de científicos es ateo puro y sostiene que el resto es contradictorio en sus metas. La rencilla entre ciencia y religión se debate entre el fundamentalismo religioso que niega la ciencia y la hegemonía científica que niega la fe. Las religiones procuran someter la ciencia al dogma y esa postura les impide conocer la naturaleza; mientras que, al contrario, la ciencia, al separarse de la religión y la fe, se permite conocer la naturaleza, nutrirse de ella y descifrarla. La ciencia se opone al criterio de lo absoluto, mientras que los dioses de las religiones, al ser por definición lo absoluto, serían inescrutables. Por tanto, no habrá acuerdo.

La religión y la ciencia son vivencias reales de las sociedades y, aunque se excluyan por principio, también conviven. La tendencia actual es dar el peso ineludible y real al empirismo racional que permite el desarrollo científico y dejar a un lado la fe como camino para desentrañar conocimientos. Tanto fe y ciencia deberían tener el propósito superior del bienestar humano, lo que no siempre ocurre. En nombre de Dios se va a la guerra y por dictamen de la ciencia se producen armas mortíferas. La humanidad necesita del empirismo racional y una nueva ética. (O)