Veneno contra veneno

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Compartimos el artículo de Diario El Telégrafo en el que César Paz y Miño, Decano del Instituto de Investigaciones Biomédicas, habla sobre el veneno contra veneno.
Mira la publicación aquí.

Desde hace más de 30 años Colombia inició en su territorio aspersiones aéreas con glifosato, las cuales afectaron a zonas fronterizas con Ecuador, que llevaron a estos dos países a un duro impasse diplomático y jurídico. El coctel de herbicidas (glifosato, POEA, cosmoflux), según Colombia, no traía consecuencias para las poblaciones; en cambio, Ecuador, desde el año 2000 se opuso a las aspersiones, por considerar que traían consigo daños a personas, suelos, plantas y agua. Pormenores de esta problemática se exponen en el documental Colombia: veneno contra veneno, realizado por el documentalista independiente Marc Bouchage, y dirigido a provocar cuestionamientos alrededor del Plan Colombia.

El documental muestra entrevistas a personas que el periodista francés Bouchage considera claves, en donde aparecen dos visiones diametralmente opuestas alrededor del tema de las aspersiones. Entrevistados del sector oficial de Colombia reafirman la inocuidad del coctel herbicida y presentan cifras de efectividad, a más de que se habla de la dificultad de contactar con la empresa Dincorp, encargada de las aspersiones. Por su parte, los ecuatorianos coinciden en que el glifosato produce daños, como se demuestra en imágenes, documentos, estudios genéticos, testimonios de afectados.

Ecuador demandó a Colombia ante La Haya para terminar con el veneno y pidió una indemnización. Tras negociaciones, se acordó que las aspersiones seguirían en Colombia, aunque alejadas de la frontera con Ecuador de 10 km hasta 1 km, y se entregarían 15 millones de dólares para apoyo a los afectados.

El tema dejó de ser noticia hasta que en 2015 la OMS declaró al glifosato como agente cancerígeno. Ello indica que, en la práctica, los estudios ecuatorianos eran correctos. Las irrefutables conclusiones de los expertos mundiales en salud incidieron para que el presidente Santos anunciara, el año pasado, la terminación de las aspersiones con glifosato.

Por eso, sorprende que Colombia anunciara, hace pocas semanas, que volvería a utilizar el glifosato de forma manual (planta por planta), para el combate a las plantaciones de coca, pese a que estaba negociándose, dentro del plan de paz, su no utilización.

Con relación al documental de Bouchage, en donde se habla de una relativa disminución de las plantaciones de coca en Colombia y de la diseminación de plantaciones en países como Perú y Bolivia, cabría pensar que veneno contra veneno no es la solución a las drogas, cuyo mayor consumidor es precisamente el país paladín en la lucha contra su producción y tráfico. (O)