Docente de la UDLA fue jurado en concurso internacional

Foto Cortesía: http://ciuhabitat.com/

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Blanca Ríos Touma docente-investigadora de la Ingeniería Ambiental, Prevención y Remediación, fue parte del jurado en el tema Arquitectura y Urbanismo para asentamientos en ecosistemas de manglar, en el Concurso de Anteproyectos CIUHABITAT.

OMNIA conversó con Blanca Ríos Touma docente-investigadora de la Carrera de Ingeniería Ambiental, Prevención y Remediación, sobre su participación en el Concurso de Anteproyectos CIUHABITAT que se desarrolló como preámbulo a la cita del Hábitat III que se desarrolló entre el 17 y 20 de octubre en Quito.

A continuación, puedes mirar la entrevista completa con la docente de Ecología de la UDLA.

¿En qué consistió tu participación en CIUHABITAT?

Mi participación fue como jurado del concurso universitario en el marco del Hábitat III, organizado por el Colegio de Arquitectos de Ecuador y el Ministerio de Desarrollo Urbano y de Vivienda (MIDUVI), en la que participamos tres jurados internacionales y dos nacionales. Fui parte del tema de ‘Arquitectura y Urbanismo para asentamientos en ecosistemas de manglar del Golfo de Guayaquil. Caso de estudio: Puerto Roma’, así como de otras dos categorías más.

El jurado fue multidisciplinario eso explica mi participación, ya que había arquitectos, urbanistas, ecólogos  y especialistas en el funcionamiento social de las ciudades.

Fue una experiencia interesante porque se exige un trabajo multidisciplinario que involucra varias maneras de pensar. Esta multidisciplinariedad permite trabajar de manera holística e integrada para solucionar los problemas de la humanidad y ese fue el espíritu del concurso.

¿Qué significó para ti ser parte de este concurso en lo personal y profesional?

La verdad no puedo separar lo personal de lo profesional porque amo mi profesión, y es por eso que hablo de los dos lados.

Fue muy lindo que me hayan llamado desde el Colegio de Arquitectos, que me hayan identificado como ecóloga acuática, con capacidad de colaborar y evaluar desde la ecología a estos proyectos urbanos y arquitectónicos. Esto significa que los años de estudio, de investigación, se van reconociendo y que me consideran apta para juzgar el trabajo de otras personas. Además, fue una gran responsabilidad el revisar trabajos nacionales e internacionales.

¿Qué te parecieron los trabajos que se presentaron?

Mi rol en el jurado era revisar los aspectos naturales, por ejemplo como iba a elevarse el nivel del mar con el cambio climático y eso influía en si las casas se inundaban o no. Me fijaba si habían dado el tiempo de revisar las proyecciones de cambio climático, las proyecciones tectónicas de la zona porque también la zona de Puerto Roma es propensa a sufrir movimientos telúricos, el tiempo de regeneración del manglar y si constaban estrategias para promover su restauración.

Además, me fijé en si los trabajos eran eficientes en el uso del material, en la provisión de energía, si se promovía el manglar como protección natural del poblado, la resiliencia del ecosistema, del asentamiento, y de los elementos naturales que se protegen.

Hubo proyectos espectaculares, otros que no habían tomado en cuenta el tema ecológico pese a que era parte del llamado del concurso y los proyectos finalistas fueron los mejores por lo que costaron varios debates para decidir al ganador.

¿Qué sucedió cuando te enteraste que el proyecto ganador era de la UDLA?

​Me enteré el momento de la premiación (sonríe), estaba invitada como jurado y nombraron a la UDLA entonces me quedé sorprendida porque la verdad nunca tuvimos la oportunidad de ver de quién era los proyectos.

Esa información se manejó de muy buena manera, nadie sabía de quiénes eran los trabajos. Ahí también nos enteramos que el segundo lugar fue para estudiantes colombianos y los terceros italianos.

¿Qué destacas del premio de los estudiantes de la UDLA?

El proyecto afronta tanto la protección del manglar y reestructura el pueblo de una manera más inclusiva. Es un proyecto completo porque incorporaba el uso de materiales adecuados, consideraba cómo se iba a relacionar la gente, equipamientos comunes, la forma del pueblo facilitaba las interacciones sociales y recuperaba lo social y ambiental.

Además, eran construcciones orgánicas, elevadas que les daban resiliencia a eventos de marea, las casas tenían propuestas de energía sostenible, la ventilación de las casas también se tomó en cuenta, los materiales eran locales y con uso moderado. Todo estaba pensado, incluso los gastos no eran excesivos, cumplía con todos los elementos juzgados. La observación que hicimos es que se desconoce o no se integra la estructura urbana ahora existente.

¿Consideras que este tipo de iniciativas e incluso el Hábitat III en algún momento mejorarán la calidad de vida de las personas?

Es muy importante que se establezcan compromisos para ciudades más sostenibles e inclusivas. Es una reunión que se hace cada 20 años y es bueno fijar un horizonte para tener mejores ciudades para todos. Sin embargo, Hábitat III ha sido un tema muy discutido y criticado porque básicamente son reuniones en la que participan autoridades, técnicos, académicos, ciertos movimientos sociales, pero no se incluye necesariamente a todos los actores de la sociedad. El verdadero desafío está en cumplir los compromisos que se adquieren en esta reunión.

El hecho de que Quito esté colapsado por la organización del Hábitat III es una antítesis de lo que se quiere y pone en evidencia nuestros problemas de transporte y movilidad urbana. También el hecho de no incluir a todos los movimientos sociales, supone un gran inconveniente para que se pueda dar paso a aplicar lo que se discute porque no están todos los ciudadanos representados. Pero es algo importantísimo el poder tener aquí a los alcaldes del mundo y autoridades  discutiendo el futuro y discutiendo estrategias para afrontar problemas comunes. Si me parece que son discusiones en las que intervienen solo las autoridades y los ciudadanos no están incluidos del todo . Por ejemplo, hay gobernantes, alcaldes, la gente que financia los proyectos, pero la gente que los va a ejecutar, los que ya ejecutan iniciativas exitosas, no han sido incluidos de la misma manera y eso no ayuda mucho.

También ha servido para que se organicen actividades  paralelas y Contra Hábitat como la de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), de la Universidad Central, del Movimiento Indígena, que abren espacios de discusión y  donde están incluidos otros actores sociales para el cambio de Quito y de otras urbes mundiales.

Mi sensación es que faltan puentes que unan las iniciativas locales con lo que decidan los gobernantes, hacer que la decisión del futuro sea algo más participativo. No he ido a todos los conversatorios, pero no se ha discutido de biodiversidad, de ecología y  de servicios ecosistémicos con la profundidad necesaria y  es un tema solo marginal en las discusiones y compromisos.