Día Mundial del Síndrome de Down: inclusión en las aulas

Pablo Pineda tiene Síndrome de Down. Él es un actor español y licenciado en Educación y una de sus frases es: “Yo no tengo nada de especial, lo que tuve de especial son unos padres y un ambiente que me estimuló”. Esta historia es la que nos recuerda Ruth Lalama, Docente de la Facultad de Educación de la UDLA. Lo hizo en la entrevista que le realizamos en el contexto de la celebración del Día Mundial del Síndrome de Down, hoy 21 de marzo.

Con ella hablamos sobre la inclusión de los niños con esta condición a los ambientes educativos y una de sus conclusiones es que: “las limitaciones las ponemos los docentes y los padres. El niño con Síndrome de Down, al igual que el que no lo tiene, sueña y tiene muchas capacidades para hacer lo que el medio le permite. La discapacidad no es sino una dificultad de acceder a lo que todo el mundo tiene derecho”.

¿Qué representa la inclusión de los niños con Síndrome de Down en las instituciones educativas?

La inclusión representa la posibilidad de que todas las personas sin importar su condición cognitiva, física, cultural tengan acceso a lo que todo ser humano tiene derecho que es la educación. El que los niños con Síndrome de Down o con cualquier otro tipo de discapacidad estén dentro de las aulas garantiza este derecho. Además a la comunidad educativa, a la sociedad, le vuelve más solidaria, empática y se desarrollan una serie de valores que implican aceptar las diferencias como algo bueno y no como algo negativo. Cuando tenemos niños incluidos, el estudiantado comprende que está bien ser diferente, que tenemos que mirar a la persona y no a la discapacidad.   

¿Cómo hacer efectiva esta inclusión en las aulas?

Para que la inclusión se lleve a cabo hacen falta algunos factores. Primero que se desarrolle una cultura inclusiva. Tiene que haber políticas inclusivas, es decir toma de decisiones que permitan cambiar las estructuras que favorezcan currículos que puedan ser flexibles y  adaptables a las necesidades de cada una de las personas.  Finalmente necesitamos buenas prácticas inclusivas, es decir que el docente que tiene en su aula a una persona con Síndrome de Down sea una persona que se capacite, que tenga creatividad que esté involucrado y ame la educación sin importar la condición de su estudiantado.  Necesitamos que las instituciones favorezcan la heterogeneidad. La inclusión  no se alinea con la homogeneidad, es decir que tener la excelencia académica o sacar excelentes notas en las pruebas SER no aplica.

¿Consideras que en Ecuador la inclusión es un tema que ha avanzado o es algo que todavía hace falta?

Desde hace algunos años en el Ecuador se han realizado varias propuestas de capacitación. Incluso hay una ley de educación que es bastante clara. En muchas ocasiones se puede observar que a pesar de lo que está estipulado en la ley no se crean metodologías alternativas que atiendan a estas necesidades. Aún tenemos colegios que son excluyentes. Tenemos muchas comunidades de padres que aún no están listos para que sus hijos  acudan a una escuela diversa. Tenemos un currículo poco flexible, donde si bien se contemplan la creación de distintas metodologías, esto aún está en proceso. Hay colegios que tienen muchos años de experiencia pero que aún no han logrado una inclusión completa.

¿Cómo la UDLA enseña este tema en las aulas?

Los estudiantes manejan conceptos importantísimos. La historia de la inclusión, es decir cómo se ha venido dando desde la exclusión, comprender qué significa exclusión, segregación, integración… y la comprensión de que en la educación está la posibilidad de cambiar la cultura de un país, de entender que los docentes, los psicólogos, los psicopedagogos tienen esta tarea tan delicada de poder educar a los niños en ambientes más democráticos y de paz. Los estudiantes tienen  estas herramientas y la posibilidad de dar a sus pequeños alumnos la comprensión de que ser diferente no es un peligro, que no hay que temer a las personas diferentes, simplemente que todos tenemos derechos y necesidades distintas y por lo tanto también comprenden este tema de equidad. Aprenden lo que son las adaptaciones regulares y cuál sería el mejor camino para poder acceder a ellos. Se desarrollan bastantes valores como la empatía y la solidaridad, el ponerse en lugar del otro.

¿Qué debemos saber, como sociedad, como individuos, sobre el Síndrome de Down para generar inclusión más allá de los ambientes educativos?

Las personas con Síndrome de Down no tienen una enfermedad sino es una condición de vida porque genéticamente nacieron con una trisomía en su par 21 que les otorga una serie de características de personalidad, cognitivas, físicas, motóricas. Lo que se debe entender es que así como en el mundo hay una diversidad de personalidades también lo hay en los niños con Síndrome de Down, por eso tampoco se les puede tratar de manera igual. Habrán niños que tengan un mayor desarrollo en su lenguaje, otros más afectivos y sociables… pero igual que en un aula de clase, hay niños más alegres, estudiosos, agresivos, inquietos, tranquilos… Insisto en esto de que tenemos que comprender que cada persona es un mundo y tenemos gustos, miedos, alegrías, cosas que nos enojan. Lo mismo sucede con los niños  con Síndrome de Down.

La discapacidad se da cuando existe una serie de barreras arquitectónicas, culturales, de actitud y religiosas. Si quitamos esas barreras y comprendemos que, con voluntad y preparación, se puede hacer un cambio y lograr una inclusión, estos niños no tendrían  mayor desventaja. Lo que necesitan es una metodología adecuada, una comprensión de cómo son ellos de forma integral. (DB)