Tres mandatarios y su volátil gobernabilidad

El Comercio

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No muchas veces se puede hablar de tres países del continente que pasan por procesos políticos complejos. Y al menos dos de ellos son referentes: Estados Unidos y Brasil; el otro se convirtió -se quiera o no- en un país emblemático del socialismo del siglo XXI: Venezuela. Pero estas crisis que derivan en un solo pedido -la renuncia o pensar en procesos de destitución del gobernante- tienen procedimientos distintos para resolverse, según la institucionalidad de cada una de estas repúblicas. Los contextos son distintos. En el caso de Venezuela, provienen de una crisis política y económica, a las que se suman las denuncias de corrupción, reclamos por libertades, una movilización que comenzó en abril y una represión que deja, hasta el momento, 58 muertos y una grieta interna que se presume de difícil resolución, en contra de Nicolás Maduro. Brasil también está aquejada por la corrupción. Apenas un año después de la destitución de Dilma Rousseff, que aún muchos sostienen como un golpe de Estado, su sucesor, Michel Temer, está contra la pared. Se debe a la grabación en la que habla de sobornos para comprar el silencio de un diputado y que recibió coimas desde el 2010. A la par de las movilizaciones hay 16 pedidos de juicio político, entre ellos, el de la Orden de Abogados de Brasil, que fue clave para la destitución de Rousseff. Y la justicia autorizó que se investigue al Presidente. Según la encuesta de Public Policy Polling, el 48% de los estadounidenses quieren que el presidente Donald Trump se someta al (juicio político). Una de las causas es la denominada ‘conexión rusa’. El FBI indaga la influencia de Rusia en el proceso electoral que benefició la candidatura de Trump. La destitución del exdirector del FBI, James Comey, se debió, según la prensa, porque no se había sometido a la voluntad de la Casa Blanca para obviar la filtración desde Moscú. Un día después, Trump reveló al canciller ruso, Sergei Lavrov, que lo hizo porque “estaba loco, un completo demente”. A esto se suma que le compartió información “altamente clasificada” sobre las actividades del Estado Islámico (EI). “Si bien son modelos distintos y con coyunturas distintas, hay el elemento común de la corrupción”, dice la docente de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la UDLA, María de la Paz Jervis. Sostiene que en Brasil el móvil está la articulación de Temer y sus allegados al caso Odebrecht, que también pasó factura a Rousseff. En EE.UU., “si bien el caso es más ideológico”, como la política migratoria y el fallo del Cuarto Circuito de mantener el bloqueo contra el veto migratorio de Trump, la conexión con los servicios secretos rusos de su círculo cercano, incluido su yerno, “tocan el tema de la transparencia”.

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Carrera Veterinaria
Fecha 2017-05-28
Medio El Comercio
Vocero María de la Paz Jervis