REENCUENTRO GENÉTICO

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En junio de 2012, el genetista argentino Víctor Penchaszadeh, como parte del grupo de investigadores para la identificación de personas y la reparación de la violación del derecho a la identidad, tanto en Argentina como en Chile, Australia y Colombia, escribió su libro Genética y derechos humanos: encuentros y desencuentros, en el que ya advertía sobre el uso de la tecnología molecular del ADN para el pesquisaje de individuos que desaparecieron bajo las dictaduras militares o por conflagraciones bélicas.

Luego de años de arduo trabajo con muestras biológicas y pruebas de filiación de ADN, la presidenta de Abuelas de la Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, anunció al mundo que recuperó a su nieto, 36 años después de que su hija fuera secuestrada y asesinada y de que alguien se apropiara ilegítima y abusivamente del niño nacido durante su cautiverio.

Desde 1984, esta es la recuperación 114 de personas con violación de su identidad. El hecho refleja las bondades del uso ético y humanitario de una ciencia tan especial, apasionante y confiable como es la genética.

A través del análisis de 12 a 16 porciones del ADN de una persona se puede establecer el índice de parentesco, que acertadamente Penchaszadeh denominó el ‘índice de abuelidad’. Cada persona hereda de sus padres la mitad de huellas genéticas y un cuarto de sus abuelos. El método de rastreo está probado en casos de ejecuciones de padres con apropiación y adjudicación de sus hijos a terceros. En el caso argentino, aquellos niños despojados, ahora jóvenes, constituyen la llamada ‘generación robada’.

Como rastro de las atrocidades de esa época, en el biobanco de ADN se cuenta con 310 muestras de abuelas argentinas que esperan ser cotejadas con algunas de las mil personas que por año dudan de su identidad genética y acuden a buscarla.

De acuerdo a la técnica, las huellas genéticas de un individuo se comparan con las de sus abuelos e incluso se pueden comparar con supuestos tíos o hermanos, y las coincidencias arrojan una efectividad y eficiencia de hasta el 99,99%, por eso se la llama la prueba infalible. Estas pruebas, usadas como rutina en los casos de paternidad dudosa, han sido también útiles para evidenciar los crímenes de lesa humanidad.

Las pruebas genéticas han aclarado muchos casos controversiales en la historia, como la supuesta identidad de Anastasia Romanov, hija del zar Nicolás II de Rusia, o el famoso caso de asesinato de O.J. Simpson y otros crímenes. En el caso argentino, la genética ha devuelto a unos identidad, pero también ha evidenciado la barbarie de otros.

Autor: César Paz y Miño

Fuente: www.telegrafo.com.ec