La neurociencia del futuro

Genética

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Compartimos el artículo de Diario El Telégrafo en el que César Paz y Miño, Decano del Instituto de Investigaciones Biomédicas, habla sobre la neurociencia del futuro.
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La Facultad de Ciencias de la Salud de la UDLA organizó un ciclo de conferencias magistrales denominado ‘Rebasando esquemas, la neurociencia del futuro’. Los expositores fueron destacados médicos estadounidenses del hospital Johns Hopkins, uno de los mejores del mundo. La temática conjugó dos cuestiones clave: la investigación básica promovida en sus propios centros y la aplicación directa en sus pacientes.

Entre los invitados estuvo el famoso ‘Doctor Q’, Alfredo Quiñones, de origen mexicano, quien tras vivir peripecias en sus varios intentos por entrar a Estados Unidos, logró finalmente estudiar medicina en ese país y ahora es una eminencia en neurocirugía y neurociencias. Estuvo acompañado de sus colegas Kairsom Chaichana, neurocirujano oncólogo; Geoffrey Colby, cirujano cerebro vascular; y Luis Rodríguez, neurocirujano general y pediátrico.

La neurociencia es un importante campo de investigación. El cerebro ha sido un eterno desconocido. Para entenderlo aportan un conjunto de disciplinas científicas que estudian tanto su estructura como sus funciones: bioquímica, biología celular y molecular, farmacología e histopatología del sistema nervioso tratan de entender las bases biológicas de la conducta. La psicobiología, la psiquiatría molecular, la neuroingeniería, la neurogenética, entre otras, alimentan las neurociencias. Todas tratan de desentrañar el pensamiento, las percepciones, la memoria, los conocimientos, la voluntad, el lenguaje y todo cuanto el cerebro comanda.

A la neurociencia le han rodeado mitos por la difícil tarea de entender el cerebro y la imposibilidad ética de hacer experimentos. Tras años de recopilación de datos, hoy se han mapeado zonas cerebrales y asignado funciones precisas, se manipulan células nerviosas, se ha logrado reproducirlas, se entienden mejor los neurotransmisores químicos, se conocen más las enfermedades cerebrales.

Se cuenta con fármacos especializados, procedimientos quirúrgicos y microquirúrgicos robotizados, bioestímulos, manejos de emociones, bloqueos de genes, uso de células madre para terapias. En los últimos 30 años hemos dado un salto gigante en la comprensión del órgano más importante del ser humano. Pero ni neuroantropólogos, ni genetistas ni cirujanos han logrado entender conductas que determinan sociedades injustas que ponen en peligro la supervivencia de la especie humana.

En el futuro están desafíos promisorios para desarrollar la neurociencia: entender y curar enfermedades, como alzhéimer, párkinson, epilepsias, autismo, retardo mental o bipolaridad.