Anthony Urgilés revela la vida de los seres ocultos

Foto Cortesía Miguel Jiménez / El Telégrafo

Foto Cortesía Miguel Jiménez / El Telégrafo

Compartimos la noticia publicada por Diario El Telégrafo en la que Anthony Urgilés cuenta la elaboración de su corto ganador del concurso CortoSchool UDLA.
Mira la noticia aquí.

Su cortometraje Comercio narra la historia de don Lorenzo, un vendedor de periódicos que trabaja incansablemente.

Un hombre de manos quemadas y venas sinuosas ata con una cuerda verde una decena de periódicos que llevará sobre su hombro por toda la ciudad, durante todo el día. Cruzará redondeles, subirá a buses, ingresará a barrios y caminará por calles desoladas de Quito voceando que aún le quedan diarios disponibles. La dura jornada de ese hombre estará acompañada por los versos del dúo Benítez y Valencia: “Mi vida es cual hoja seca/ que va rodando en el mundo/ que va rodando en el mundo./ No tiene ningún consuelo / no tiene ningún halago (…)”.

Se trata de don Lorenzo, un vendedor de periódicos que, pese a sus años, trabaja incansablemente desde la madrugada para sostener a su hogar, y cuya historia está recogida en el cortometraje documental Comercio, de Anthony Urgilés, con el que ganó el primer puesto de la Tercera Edición de Cortometrajes CortoSchool, de la Universidad de las Américas (UDLA).

Gracias a ese concurso colegial, que sobre todo calificaba la originalidad de las ideas, él estudiará con beca completa en la Escuela de Cine de la UDLA. Anthony es un joven de 18 años, estudiante de sexto curso del colegio Montúfar, aficionado a la fotografía y a la edición de videos; el interés por contar esta historia le nació de la observación diaria, de la curiosidad por saber qué está detrás de la figura de esos seres que son parte de la cotidianidad de la ciudad, pero que pocos se preguntan cómo viven, de dónde vienen.

“Don Lorenzo suele trabajar por mi barrio, en la Clemente Ballén, atrás de El Calzado, en el sur de Quito y, al verlo cada semana entregar periódicos, me pareció un buen relato para filmarlo en mi corto documental. Lo interesante fue que él nunca actuó en mi filmación, todo era natural. Simplemente le seguí con la cámara y era como si yo no estuviera ahí”, cuenta Anthony, a quien lo que más le preocupó fue mostrar el modo de sobrevivencia de su personaje central, las condiciones en las que vive y los peligros que afronta diariamente.

Antes de que participara en este concurso —que tuvo como finalistas a estudiantes de de los colegios Nuevo Mundo, Rudolf Steiner y del Instituto Nacional Mejía— él ya tenía un vínculo con el mundo audiovisual. Su hermana, que posee un jardín de infantes, le pedía que haga fotos y videos promocionales de su centro, y él participaba en ese proyecto con empeño y gusto.

“Quizá fue mi cuñado quien me enseñó a usar la máquina, porque a él le gusta la fotografía. Viví rodeado de ese ambiente y luego me fui apasionando”, recuerda Anthony y reconoce que el cine ecuatoriano le ha motivado, también, a inclinarse por el mundo audiovisual: “Me interesa mucho la producción nacional. Me interesan las ideas del Ecuador porque son muy diferentes a las del cine argentino o las del americano. Las películas que más me han gustado son Ratas ratones y rateros (Sebastián Cordero) y Ochentaisiete (Anahí Hoeneisen y Daniel Andrade)”.

Uno de los elementos claves del cortometraje es la música que utilizó su director. A medida que la jornada de don Lorenzo avanza, la música de fondo cambia en función del estado anímico del protagonista. Canciones interpretadas por el dúo Benítez y Valencia; Wilson Pérez, Marcelo Sánchez y su conjunto; Sudakaya; y Humberto Santacruz van marcando el ritmo emocional de la narración.

“Me gusta la música nacional, mis abuelitos y mis padres me la han enseñado. Ese tipo de música pegaba muy bien con esa persona adulta que filmé porque te remueve el corazón. Luego utilicé otro tipo de sonido, más dinámico, en los momentos en los que don Lorenzo empieza, por ejemplo, a vender. Pero él luego vuelve a su casa y con él, también, regresa la música triste, melancólica”, comenta Anthony, para quien este premio ha significado no solo la alegría de sus padres, sino también la de sus compañeros y maestros de colegio.

“Mis amigos se sintieron muy orgullosos, como suele reaccionar el Montúfar ante estos logros. Era un gran orgullo que el colegio quede otra vez en primer lugar, después de todos los problemas que hubo, de las manifestaciones de hace poco. Hay estudiantes que no solo por afuera defienden el colegio, sino por adentro, con este tipo de reconocimiento. Y además es el primer premio del colegio en este tipo de categoría, porque el resto, mayormente, ha sido en deportes. Y es un gran orgullo, también, porque estábamos compitiendo con el colegio Mejía, que quedó en cuarto lugar, el último”, cuenta Anthony con los ojos iluminados y satisfechos. (I)