Aprender haciendo, el objetivo de “Reto Madera” de la UDLA

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Emociones extremas fue lo que se vivió en el Reto Madera 2017 organizado por la carrera de Diseño Gráfico e Industrial de la UDLA. Los estudiantes de diferentes semestres debieron construir sus propios vehículos para movilizarse de un punto a otro sin inconvenientes y superando ciertas pruebas del camino.

Curvas cerradas, una ruta con subidas y bajadas y apuntar el carrito de tal manera que puedan conseguir cargar la mayor cantidad de pelotas posibles fueron los retos que los estudiantes debieron sortear. Pero lo más importante era que, en el intento, no se rompiera el coche de madera.

Para eso un amuleto de un naipe podría funcionar o ponerle una identidad al triciclo -Mario Kart, Mataperero, La Carroza fueron algunos nombres dados a estos carros-… Sin embargo, más que a la suerte los estudiantes le apostaron con todo al diseño.

“El diseño de la estructura de cada carro fue lo que logró que algunos resultaran ganadores y que otros se rompieran en el camino”, cuenta Anthony Egas, estudiante de 4º semestre y uno de los conductores de estos potentes vehículos.

Y para lograrlo, los alumnos se reunieron desde las 8:00 hasta las 16:00 en el taller de la UDLA donde les fueron entregados los materiales: un palet, clavos y las ruedas. Con eso debían resolver, en grupos de cinco personas, la manera de hacer que ese coche dé la mayor cantidad de vueltas posible en los seis minutos que tenían.

Sí, en seis minutos dos corredores debían bajar en el carrito hasta un la mitad de la pista. Allí sus compañeros les entregaban pelotas de plástico. Por eso debían haber previsto la construcción de un apartado donde poder colocarlas. En la subida debían cargar el coche y llevarlo hasta un siguiente punto de recolección de pelotas para finalmente regresar al punto de partida y volver a empezar.

El número de pelotas recolectadas era importante para ganar, sin embargo lo realmente básico era que la construcción fuera adecuada para que aguante en esas seis vueltas. “No nos imaginábamos que se iba a romper la pieza de madera que unía el cuerpo con el timón. No soportó mucho peso”, cuenta Oscar García, estudiante de 2º semestre y otro de los pilotos.

Lo que los docentes a cargo quieren conseguir con esta actividad es aplicar la metodología “Learning by Doing”, con lo cual los alumnos aprenden el uso y aplicación de diferentes materiales, en este caso la madera.

Es la segunda edición de este reto, que además de la construcción de un objeto, evalúa la capacidad de resolver problemas en poco tiempo y de trabajar con base en un diseño bien conceptualizado.

Las barras dieron ánimos a los finalistas. Las últimas vueltas fueron las más emocionantes, especialmente cuando uno de los pilotos no pudo mantener en pie su vehículo y se rompió antes de poder alcanzar la meta. Y… todo eso… ¡fue parte de su aprendizaje! (DB)